La quinua se consolida como una opción productiva en la región de Cuyo, y el INTA ha dado un paso importante hacia su consolidación. Una investigación realizada en San Juan reveló que el cultivo puede completar su ciclo y alcanzar rendimientos competitivos utilizando solo la mitad del agua sugerida por los parámetros internacionales. Este hallazgo es estratégico: proporciona, por primera vez, datos precisos y generados localmente sobre los requerimientos hídricos de la quinua bajo riego, un insumo esencial para las decisiones de producción en la región.
Según Nadia Bárcena, investigadora del INTA San Juan, el estudio evaluó la respuesta de la quinua a diferentes regímenes de riego para determinar cuánta agua necesita realmente para alcanzar su potencial productivo en las condiciones locales.
“Lo que estamos observando con respecto a los diferentes tratamientos aplicados en términos de uso del agua es que con el 50% del total requerido según la bibliografía, logramos buenos rendimientos potenciales, de aproximadamente 1700 kilos por hectárea”, explicó Bárcena. Este manejo equivale a una capa acumulada de entre 260 y 290 milímetros durante el ciclo de cultivo, un valor significativamente inferior al tomado como referencia a partir de datos de países donde la quinua es nativa.
El resultado es significativo. Con este nivel de riego, la quinua completa su desarrollo con una reducción del rendimiento de tan solo un 10-20% en comparación con el máximo teórico, sin pérdidas importantes y manteniendo una buena calidad del grano, según un comunicado de prensa.
“Además de no registrar caídas significativas en el rendimiento, observamos una calidad adecuada, aunque el tamaño del grano puede verse ligeramente afectado”, detalló el investigador.
El estudio ya acumula tres campañas consecutivas y se lleva a cabo con la variedad Morrillos INTA. A lo largo de ese período, el equipo evaluó el comportamiento del cultivo frente a diferentes aportes hídricos, con un sistema que permite medir y ajustar cada variable. El riego por goteo es un elemento central de la experiencia. “La aplicación es localizada y uniforme, lo que aumenta aún más la eficiencia natural de la quinua. A su vez, es la forma más adecuada de controlar con precisión la cantidad de agua aplicada”, afirmó Bárcena.
La quinua es un cultivo resistente que puede desarrollarse en ambientes áridos, pero es muy sensible al exceso de agua y al encharcamiento prolongado. Por ello, un manejo preciso del riego es fundamental para evitar problemas durante el ciclo de cultivo. En sistemas de surcos, el riego debe manejarse con sumo cuidado y está fuertemente limitado por el drenaje del suelo, mientras que el riego por goteo permite un control más preciso tanto de las dosis como del momento de aplicación.
“Esto nos permite un mayor ahorro de agua, un factor muy importante para la provincia y la región, ya que podemos conocer y controlar la cantidad de agua necesaria para completar el ciclo del cultivo”, afirmó el especialista del INTA. Este conocimiento concreto es precisamente uno de los principales aportes del trabajo.
Hasta ahora, Argentina carecía de datos propios sobre el uso del agua de la quinua bajo riego. En provincias del norte, como Salta y Jujuy, la producción se realiza principalmente en secano, con el apoyo del barbecho para almacenar humedad en el perfil del suelo. En Cuyo, en cambio, el cultivo se basa en sistemas de riego presurizados o por gravedad, lo que hace esencial contar con parámetros confiables y generados localmente.
En este contexto, el trabajo del INTA San Juan proporciona una base sólida para productores, asesores y técnicos que consideran la quinua. Con datos medidos en campo, variedades adaptadas y prácticas de riego claramente definidas, el cultivo gana en previsibilidad y emerge como una opción práctica para diversificar la matriz productiva de la región.


