A veces la vida exige empezar de cero. En mi caso, ocurrió justo después de haber completado todo el trabajo necesario para obtener mi doctorado. En lugar de defender mi tesis, tomé la decisión de emigrar a Canadá por razones tanto personales como políticas.
Estoy convencida de que tomé la mejor decisión posible en ese momento. Aun así, me frustraba haber estado tan cerca de obtener mi doctorado y no haber tenido más opción que marcharme. Así que decidí hacer algo al respecto. Empezaría de cero, sabiendo que eso significaría trabajar a tiempo completo mientras cuidaba de mi familia y obtenía mi doctorado a tiempo parcial. También sabía que no recibiría ningún reconocimiento por el trabajo que ya había realizado en Cuba.
No estaba sola. Mientras recorría otra vez el camino del doctorado en la Universidad de Alberta, conocí a una mujer que había sido profesora en Irán. Había trabajado en México e Italia. Hablaba varios idiomas. Era una excelente científica. Pero al llegar a Canadá le informaron que su doctorado no sería reconocido para iniciar un posdoctorado y que, si quería continuar en la academia, tendría que empezar de nuevo con una maestría antes de poder optar a un programa de doctorado.
Por esa misma época conocí a una mujer pakistaní con credenciales similares a las de la profesora iraní. Aun así, a ella también le recomendaron empezar de nuevo con una maestría. Finalmente decidió que dedicar su vida a coleccionar títulos no era lo que tenía en mente.
A veces me pregunto qué habría pasado si estas mujeres talentosas y experimentadas hubieran sido hombres de Estados Unidos, Europa o incluso de esos propios países. ¿Se habrían dejado de lado sus doctorados? ¿Se les habría pedido que completaran una segunda maestría para la que estaban claramente sobrecalificadas?
Estas historias me hacen reflexionar sobre las diferencias en la percepción de la credibilidad, la autoridad y la experiencia según el género y el origen. También me hacen preguntarme cuánto talento perdemos en el camino porque las mujeres se ven obligadas a demostrar su valía una y otra vez.
Mi amiga iraní y yo finalmente terminamos nuestros doctorados y más tarde obtuvimos también un MBA. A veces bromeamos con que debe encantarnos coleccionar títulos avanzados, porque lo hemos hecho más de una vez.
Esta experiencia me ha demostrado lo resilientes que podemos ser las mujeres. Llevamos mucho peso y logramos mucho. Más de lo que muchas veces se cree.

