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Avances en la edición genética de patatas para reducir las pérdidas poscosecha

El oscurecimiento de la papa después de cortarla, pelarla o durante el almacenamiento es un problema común tanto para los consumidores como para la industria alimentaria. Si bien no afecta la inocuidad alimentaria, perjudica la apariencia, reduce el valor de mercado y genera pérdidas sustanciales en toda la cadena de producción. En un país donde la papa es un cultivo básico y estratégico, abordar este problema ofrece una clara oportunidad para mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la calidad general de los alimentos.

Un estudio reciente publicado en la revista Agronomy reporta un avance significativo. Investigadores del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) de Chile, liderados por el científico Humberto Prieto, desarrollaron líneas de papa con oxidación poscorte retardada mediante edición genética de precisión, sin introducir genes externos. El trabajo forma parte de la iniciativa institucional del INIA, “Mejoramiento genético estratégico en el INIA: desarrollo de plataformas de edición genética basadas en CRISPR/Cas”, que busca modernizar las herramientas de fitomejoramiento en Chile. Por qué se oscurecen las papas y el objetivo de mejora

El oscurecimiento ocurre cuando la enzima polifenol oxidasa (PPO) se expone al oxígeno tras un daño mecánico. La PPO oxida los compuestos fenólicos, produciendo pigmentos oscuros que decoloran el tubérculo. Dentro de esta familia de enzimas, el gen PPO2 desempeña un papel fundamental en el oscurecimiento visible del tejido de la papa, según un comunicado de prensa.

Para abordar este problema, el equipo del INIA utilizó CRISPR-Cas9, administrado a través de un sistema transitorio derivado de geminivirus, para editar con precisión el gen PPO2 en Yagana-INIA, una variedad chilena adaptada a las condiciones agroclimáticas locales. El objetivo era reducir la actividad enzimática responsable del oscurecimiento, preservando al mismo tiempo las demás características productivas de la variedad.

Resultados prometedores y un hito regulatorio clave

Tras el proceso de edición, se evaluaron varias líneas candidatas mediante evaluaciones bioquímicas y visuales. Los tubérculos se cortaron y se expusieron al aire durante 24 horas, para luego compararse con papas sin editar. Dos líneas mostraron un rendimiento notablemente mejorado (la línea 286 y la línea 108), ambas con una reducción significativa del pardeamiento en comparación con el control. Cabe destacar que la línea 286 también cumplió con un criterio crítico desde el punto de vista regulatorio: las pruebas no detectaron secuencias de Cas9 ni ADN vector, lo que la confirmó como una línea de papa no transgénica y modificada genéticamente.

Este resultado es especialmente significativo porque demuestra que se pueden lograr mejoras precisas en las características de los cultivos de propagación vegetativa, como la papa, sin dejar material genético externo en el producto final.

Reducir las pérdidas y el desperdicio más allá del campo.

Las pérdidas de alimentos suelen estar asociadas con lo que sucede en la explotación agrícola. Sin embargo, una parte sustancial del desperdicio se produce después de la cosecha: durante el procesamiento, el transporte, el almacenamiento, la venta minorista y, en última instancia, a nivel del consumidor.

Por ello, reducir el pardeamiento de la papa es más que una mejora estética. Puede generar beneficios en toda la cadena de valor. Para los procesadores, una menor oxidación significa menos desperdicio durante el pelado y el corte, mayor rendimiento en productos mínimamente procesados, congelados o deshidratados, y una menor dependencia de aditivos antioxidantes.

Durante el transporte y el almacenamiento, las papas que son menos propensas a pardearse después de un daño mecánico conservan su calidad visual durante más tiempo, toleran mejor la manipulación y prolongan su vida útil comercial. En la venta minorista, una apariencia más ligera y estable mejora la aceptación del consumidor, reduce el rechazo del producto en los estantes y disminuye las pérdidas económicas. En los hogares, los productos que mantienen su apariencia después del corte tienen más probabilidades de ser utilizados en lugar de desechados. Un estudio de 2024 estima que Chile desperdicia más de 5,2 millones de toneladas de alimentos al año, alrededor de 295 kilogramos por persona. El mismo análisis, que compara el desperdicio con la disponibilidad de alimentos, estimó tasas de descarte del 68% para frutas, del 48% para verduras y del 29% para raíces y tubérculos, incluidas las papas.

Estas cifras subrayan la magnitud del desafío y destacan por qué las innovaciones que reducen el deterioro poscosecha pueden tener un impacto enorme, mejorando la eficiencia del sistema alimentario y reduciendo el desperdicio desde las líneas de procesamiento hasta las cocinas domésticas.

Edición genética: una herramienta probada y estratégica

Reducir el pardeamiento de la papa no es un objetivo nuevo en la biotecnología agrícola. Hace más de una década, la empresa estadounidense Simplot desarrolló una papa con oxidación retardada mediante silenciamiento génico basado en ARN. Comercializada como papa Innate®, se vende en Estados Unidos desde 2014. Sin embargo, en la mayoría de los marcos regulatorios, este enfoque se considera un organismo genéticamente modificado (OGM), ya que se rige por las regulaciones de la biotecnología transgénica. En Latinoamérica, el INTA-Balcarce de Argentina desarrolló hace unos años la primera papa editada genéticamente de la región, también con el objetivo de retrasar la oxidación. Posteriormente, el mismo grupo de investigación aplicó la edición genética para reducir la acumulación de azúcar durante el almacenamiento en frío —un aspecto clave en el transporte y el almacenamiento— y para mejorar la tolerancia a la sequía.

Lo que diferencia a la edición genética de precisión actual es su capacidad de introducir cambios específicos sin añadir genes externos, y de hacerlo directamente en variedades comerciales ya adaptadas a las condiciones locales. Esto es especialmente importante en la papa, un cultivo propagado clonalmente que no se autopoliniza y tiene un genoma tetraploide complejo, factores que dificultan y prolongan considerablemente el mejoramiento convencional mediante cruzamientos.

En Chile, el logro del INIA se desarrolló en una variedad adaptada a los suelos y sistemas de producción nacionales, lo que proporciona una base práctica para incorporar esta característica en los programas de mejoramiento de papa del instituto y acelerar la entrega de variedades mejoradas al sector productivo.

Una vía regulatoria habilitada en Chile

Producir una línea editada sin transgenes tiene importantes implicaciones regulatorias. En Chile, este tipo de producto puede evaluarse mediante el proceso de consulta regulatoria del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), que determina caso por caso si una nueva variedad contiene OGM en el producto final. Si se determina que está libre de OGM, queda fuera del alcance de la normativa chilena sobre OGM.

A finales de 2025, más de 90 productos editados genéticamente se habían sometido a este proceso en Chile y se consideraron fuera de la normativa sobre OGM, lo que permitió su avance a ensayos de campo y su posible comercialización como equivalentes a los productos desarrollados mediante mejoramiento convencional. A nivel mundial, solo Estados Unidos supera esta cifra, habiendo aprobado más de 200 productos editados genéticamente hasta la fecha.

En este contexto, el desarrollo del INIA se alinea estrechamente con la trayectoria regulatoria de Chile y refuerza la edición genética como una vía práctica para la innovación agrícola impulsada localmente, apoyando la productividad, la sostenibilidad y la reducción del desperdicio de alimentos.

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