Una investigación de Embrapa Hortaliças (DF), basada en proyecciones climáticas de modelos del INPE y del IPCC, indica que la siembra de lechuga al aire libre en Brasil podría volverse cada vez más difícil en las próximas décadas. Para finales de siglo, casi todo el país podría enfrentar un riesgo alto o muy alto para el cultivo de lechuga debido al aumento de las temperaturas, especialmente en verano, cuando pueden superar los 40 °C, muy por encima del rango óptimo para el cultivo.
“Comprender los impactos del clima en la lechuga es esencial para planificar estrategias de adaptación y evitar pérdidas”, afirma Carlos Eduardo Pacheco, ingeniero ambiental de Embrapa.
Los investigadores se centran en dos enfoques principales: el desarrollo de variedades de lechuga tolerantes al calor y la creación de sistemas de producción resilientes. Algunos ejemplos incluyen métodos regenerativos como la siembra directa y el cultivo orgánico, y sistemas adaptados al clima como los entornos protegidos y la zonificación agroclimática, según un comunicado de prensa.
Escenarios Climáticos Futuros
Utilizando los escenarios RCP 4.5 (optimista) y RCP 8.5 (pesimista) del IPCC, las proyecciones muestran que, para 2071-2100, hasta el 87,7% del territorio brasileño podría estar en riesgo muy alto para la lechuga de campo abierto en el peor escenario. Incluso en el escenario optimista, casi el 80% enfrenta un alto riesgo. Las semillas de lechuga requieren temperaturas inferiores a 22 °C para germinar, lo que dificulta su adaptación al calor extremo.
Para abordar esto, Embrapa está priorizando cultivares tolerantes al calor como BRS Mediterranean, que madura más rápido, resiste el estrés térmico y produce hojas más grandes y de alta calidad. Productores como Rodrigo Baldassim de São Paulo informan que esta variedad soporta el calor mejor que los cultivares tradicionales y ofrece un rendimiento comercial constante.
Próximos Pasos
Embrapa planea mejorar el mapeo del riesgo climático utilizando datos de mayor resolución y los modelos más recientes del IPCC, ampliando la investigación a otras hortalizas sensibles como el tomate, la papa y la zanahoria. La inteligencia artificial ayudará a automatizar el mapeo, permitiendo proyecciones más rápidas y precisas para orientar las estrategias de adaptación y salvaguardar la producción de alimentos.


