Ante la presión climática, la disminución de las tierras cultivables y el aumento de la demanda de alimentos, la agricultura enfrenta un desafío que la biotecnología está impulsando la innovación en semillas en Chile y en todo el mundo.
Chile consolida su posición como centro estratégico global para la industria de semillas biotecnológicas, gracias a su diversidad climática, su experiencia técnica y su creciente participación en la investigación agrícola internacional.
En una conversación reciente, el director ejecutivo de ChileBio, Miguel Ángel Sánchez, afirmó que el mejoramiento genético de plantas no es nuevo, sino una práctica que la humanidad ha llevado a cabo durante siglos. “Los seres humanos han desarrollado nuevas variedades de plantas adaptadas a los retos que se han presentado en la producción de alimentos,” señaló.
Sin embargo, hoy en día, esos retos se intensifican. Sánchez destacó que los sistemas alimentarios deben responder al crecimiento demográfico, la disminución de las tierras cultivables, la presión climática y las crecientes demandas de sostenibilidad. “En Chile, en los últimos 50 años, la población ha aumentado en 10 millones de habitantes y la tierra destinada a la agricultura ha disminuido.”
El mejoramiento genético tradicional puede llevar décadas. Desarrollar una nueva variedad de manzana puede requerir hasta 50 años, mientras que una nueva variedad de hortaliza puede tomar alrededor de una década. Sánchez afirmó que la biotecnología está ayudando a reducir esos plazos a menos de cinco años. “Son herramientas muy atractivas porque reducen considerablemente los tiempos y también los costos”, explicó.
Esta aceleración cobra cada vez más importancia a medida que la agricultura busca maneras de producir más alimentos en menos tiempo, utilizando los recursos de forma más eficiente, según un comunicado de prensa.
Los avances biotecnológicos llegan a la mesa
La biotecnología ya está influyendo en los alimentos que se venden en diferentes partes del mundo. Sánchez mencionó las tecnologías de edición genética que permiten modificaciones precisas del ADN, y señaló que han dado lugar a cultivos con nuevas características productivas y nutricionales.
Entre los ejemplos que citó se encuentran lechugas que duran dos semanas más sin oxidarse, tomates enriquecidos con aminoácidos que ayudan a prevenir problemas de hipertensión y papas capaces de producir más tubérculos por planta. “Estamos hablando de variedades de plantas con características para resolver problemas tanto de agricultura como de sostenibilidad, alimentación y nutrición”, afirmó.
La discusión también abordó la distinción entre cultivos transgénicos y las nuevas técnicas de edición genética. Sánchez explicó que los organismos genéticamente modificados incorporan genes de otros organismos para producir nuevas proteínas, mientras que la edición genética busca “imitar los cambios genéticos que ocurren en la naturaleza”, pero de una manera más rápida y específica.
“No estamos transfiriendo genes para producir proteínas específicas, sino que vamos a imitar los cambios que ocurren en la naturaleza. Pero en la naturaleza ocurren de forma aleatoria”, afirmó.
Chile impulsa su cartera de biotecnología
En Chile, varios proyectos de biotecnología ya están en marcha. Sánchez destacó el trabajo de una startup chilena que desarrolla trigo con mayor contenido de fibra, así como la investigación del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) sobre una papa genéticamente modificada que se oxida más lentamente y tiene una vida útil más prolongada. “Eso permite reducir el desperdicio de alimentos”, señaló, y agregó que alrededor del 40% de lo que se consume también se pierde en los hogares.
Más allá de la innovación nacional, Chile se ha convertido en un lugar clave para ensayos de campo e investigación internacional de semillas. “Muchas de las nuevas variedades se evalúan en nuestro país. Y si Chile no existiera, muchas de las variedades que se consumen hoy en el mundo no existirían, porque aquí se aceleran los procesos de investigación”, afirmó Sánchez.
Atribuyó este papel a la combinación del aislamiento geográfico de Chile, su conocimiento técnico y la diversidad de sus climas. Desde las condiciones áridas de Arica hasta el lluvioso sur, el país ofrece entornos diversos para probar cultivos en diferentes condiciones.
Comunicación del papel de la biotecnología
A pesar de la creciente importancia de Chile en el sector, Sánchez señaló que la concienciación pública sigue siendo limitada, en parte debido a las preocupaciones del pasado en torno a los cultivos transgénicos. “Muchas veces se prefería no hablar de estos temas porque generaban mucha controversia entre la población,” explicó.
Añadió que este enfoque está cambiando, ya que los gobiernos y los grupos industriales trabajan para mejorar la comprensión pública de la biotecnología. “Los países están invirtiendo en la comunicación sobre biotecnología para no repetir los errores del pasado”, concluyó.
Según Sánchez, las semillas biotecnológicas generan alrededor de 30.000 empleos anuales en Chile y sustentan la producción de semillas utilizadas para sembrar millones de hectáreas en todo el mundo. “Chile es el principal exportador de semillas transgénicas del hemisferio sur y actualmente es el segundo país del mundo con mayor demanda de productos genéticamente modificados,” afirmó.
ChileBio también ha desarrollado herramientas de divulgación, incluyendo un chatbot enfocado en biotecnología agrícola, para ayudar a explicar el rol y las aplicaciones del sector.
“Chile está consolidando su rol como centro de semillas biotecnológicas,” Sánchez concluyó.


