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Nuevos programas de Embrapa buscan reducir la huella de carbono del maíz y el sorgo

Sorghum field at dramatic yellow sunset, Agriculture landscape
Foto: Adobe

El lanzamiento de los programas de Maíz Bajo en Carbono (LCC) y Sorgo Bajo en Carbono (LCSg) de Embrapa representa un paso importante para impulsar la producción agrícola sostenible en Brasil. Estas iniciativas ofrecen respuestas prácticas a los impactos del cambio climático, a la vez que crean nuevas oportunidades para que el maíz y el sorgo brasileños compitan en mercados con crecientes exigencias de sostenibilidad.

Los programas buscan desarrollar y validar protocolos de certificación para las marcas conceptuales de Maíz Bajo en Carbono y Sorgo Bajo en Carbono, basados ​​en evidencia científica y alineados con estándares internacionales. Los proyectos incluyen parámetros diseñados para diferenciar y agregar valor al maíz y al sorgo producidos mediante prácticas y tecnologías sostenibles.

En esencia, las iniciativas se basarán en criterios técnicos y científicos para medir la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) por tonelada de grano producida.

“El cálculo será posible mediante la validación de las directrices técnicas para el protocolo de certificación. Tras la validación del protocolo por parte de Embrapa y sus socios, se podrá proceder a la certificación. Estos pasos de certificación serán voluntarios, privados y realizados por terceros, siguiendo el sistema MRV (Medición, Notificación y Verificación)”, afirma Arystides Resende Silva, investigador de Maíz y Sorgo de Embrapa.

“Los avisos públicos de los programas de Maíz Bajo en Carbono y Sorgo Bajo en Carbono fomentan la adopción de sistemas de producción más resilientes y promueven la transición hacia una economía sostenible”, añade el investigador Alexandre Ferreira da Silva.

“Sabemos que nos enfrentamos a un importante desafío global: el cambio climático. En este contexto, Embrapa comprende que la descarbonización de la producción agrícola y ganadera es uno de los mayores retos de la agricultura brasileña”, señala Ferreira.

Reconociendo esta necesidad, Embrapa ha estado a la vanguardia en el desarrollo de soluciones como las marcas conceptuales de Carne Baja en Carbono (LCB), Soja Baja en Carbono (LCS) y Trigo Bajo en Carbono (LCW). Entre los avances adicionales se incluye la creación de herramientas y calculadoras para estimar la huella de carbono de los productos agrícolas mediante el análisis del ciclo de vida (ACV) dentro de los sistemas de producción. Los equipos responsables de estas iniciativas también contribuyen al desarrollo de las marcas Maíz Bajo en Carbono (LCC) y Sorgo Bajo en Carbono (LCSg), lo que ayuda a garantizar mayor rapidez, consistencia y precisión en el proceso. Junto con Embrapa Maíz y Sorgo, también participan investigadores de Embrapa Medio Ambiente y Embrapa Soja, según un comunicado de prensa.

Desarrollo, validación e implementación de sellos de certificación

El trabajo se llevará a cabo en dos fases. La Fase 1, centrada en el desarrollo y la innovación, tiene como objetivo crear los protocolos para Maíz Bajo en Carbono y Sorgo Bajo en Carbono y registrarlos ante la autoridad competente, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento de Alimentos de Brasil (Mapa).

Para ello, se elaborarán directrices. “El objetivo es identificar qué tipos de maíz y sorgo ofrecen la mayor eficiencia de producción por unidad de carbono emitida. Esta distinción incentivará la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y no implica ninguna pérdida de productividad de los cultivos”, afirma Resende.

Las directrices se validarán durante su ciclo de producción de tres años en unidades de observación, en ubicaciones que serán indicadas por las instituciones de apoyo. “Cada área generará información sobre insumos y operaciones mecanizadas, así como sobre el balance de carbono en el suelo, para calcular las emisiones de gases de efecto invernadero de todo el proceso de producción”, informa el investigador Ciro Augusto de Souza Magalhães.

En la segunda fase, el sello de certificación se implementará en el mercado a través de certificadores acreditados, de acuerdo con un modelo de explotación comercial que definirá Embrapa.

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