Trabajé durante casi 10 años como investigadora científica en el Instituto Nacional de Investigación del Tabaco de Cuba, donde dirigí proyectos para la industria tabacalera del país. Establecí la huella genética del ADN y realicé ensayos con variedades de tabaco cubano. Optimicé las técnicas de hibridación somática y produje nuevas combinaciones nucleocitoplasmáticas. Generé líneas de mejoramiento resistentes a enfermedades y caractericé una parte del banco de germoplasma mediante marcadores citogenéticos, moleculares y morfoagronómicos. Estudié cómo reaccionaban los cultivares de tabaco a diferentes estrés bióticos y abióticos, y gestioné una colección de tabaco. Todo esto mientras cursaba mi doctorado.
Cuando emigré a Canadá en 2010, no conseguía trabajo. Una revisión de mi currículum me llevó a un consejo clave: eliminar toda referencia al tabaco y mi problema estaría resuelto. Me dijeron que en Canadá nadie quería trabajar con alguien especializado en tabaco.
Así que eliminé la palabra tabaco. En lugar de trabajar para el Instituto Nacional de Investigación del Tabaco de Cuba, mi currículum ahora decía que había trabajado para el Instituto Nacional de Investigación de Cuba. Cambié mi especialidad de tabaco a solanáceas. Funcionó. Una vez eliminada la palabra ofensiva, encontré trabajo rápidamente.
De esa experiencia aprendí que no todos los cultivos son iguales. El tabaco ha sido demonizado en Canadá hasta tal punto que las habilidades adquiridas en un cultivo que solía ser modelo solo son aceptables si se atribuyen, al menos en teoría, a la amplia familia de plantas que incluye el tabaco.
El tabaco no es el único cultivo con mala reputación. Pregúntenle a cualquier persona que se dedique al cultivo de cannabis, por ejemplo, cómo ha sido su experiencia en el mercado laboral, y sin duda escucharán una historia similar. El mensaje para los fitomejoradores es claro: sus habilidades no importan; el cultivo con el que trabajan sí. No podría estar más en desacuerdo. Las habilidades que adquiere un fitomejorador son fundamentalmente importantes y nunca deberían descartarse simplemente porque haya sido adquiridas en un cultivo que está en desuso.
Comencé mi carrera en Canadá ocultando mi experiencia en tabaco. Pero la verdad es que estoy orgullosa del trabajo que realicé con ese cultivo. Las variedades que ayudé a crear se cultivan comercialmente hasta el día de hoy y conservan la resistencia que las hizo tan exitosas contra las devastadoras enfermedades que alguna vez paralizaron la industria tabacalera cubana. Así que el tabaco vuelve a figurar con orgullo en mi currículum junto con las habilidades que adquirí trabajando con él, y esta vez para quedarse.

